dilluns, 2 de juny del 2014

Mi cerebro es una paleta de pintura...

Toda una gama donde poder expresar todo lo deseable es lo único que necesita el ser humano, aunque a veces se centre en rellenar el vacío de la inexpresión con otras cosas. Lo más próximo a esa idea es una gama de colores. 



Todos tenemos un color para cada cosa, a veces, incluso, para cada sentimiento... Pero algunos no ven la tristeza de color azul y el amor de color rojo. Cada uno lo interpreta de una manera distinta y le pone los colores que quiera al pincel de su vida. 
Mi gama de colores se encuentra en mis fotografías. 

El amor y la ternura pueden esconderse en amarillos o verdes, o guardados en pequeñas gotas de detalle; la desesperación del llanto de un niño a lo mejor es naranja, roja, viva y latente. ¿Acaso todos pensamos igual? Lo dudo...




A veces, hay imágenes que necesitan cambiar de color o cambiar un color. Adoro jugar haciéndoles preguntas. A menudo responden, pero hay que tener cuidado con lo que tocas: si no sabes qué preguntas, a lo mejor la respuesta no es la que deseabas o imaginabas. Otras veces, la satisfacción que se te queda al mejorar algo hermoso, es enorme. Pero sobretodo, lo mejor es el hecho de aprender. Muchas veces no importa que la chusta se haya quedado peor, lo suyo es que esa chusta nunca vuelva a ser igual.

Se dice que "nunca te irás a dormir sin haber aprendido algo nuevo". En mi caso, hoy me voy a dormir con la cabeza llena de (como lo llamo yo) "carne fresca para el cerebro". 
Dulces sueños, creativos!

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