En estas temporadas de comienzo del año, una se pone a pensar en muchas cosas del año anterior para poder corregir, pulir y mejorar, siempre mirando por la felicidad y objetivos que me impulsan hacia delante.
Y es que cuando te das cuenta, has hecho mil y una cosas en tan solo un año, que se dice pronto! Una de aquellas cosas, que me ha marcado bastante este verano como manera de ser y hacer, ha sido la fiebre Skater.
Todo el mundo sabe qué es un Skater: un chaval/a adolescente que va con un patín molestando a todos a su paso, haciendo trucos y saltos en rampas y fumando y bebiendo todo lo que se ponga por delante.
Pero verlo desde fuera no es lo mismo que sentirlo, que hacerlo o intentar hacerlo igual que los que lo hacen de maravilla, cuando a ti te sale de pena y sigues con ello con el ánimo de algún día perfeccionar la técnica.

Sigues, pensando que eres buenísimo/a, que podrías competir con cualquiera...hasta que te cansas de equivocarte, de destrozarte los codos y caerte tontamente. Éso me pasó a mi. Mi vida empezó a cambiar, la tabla ya no pintaba nada si iba sola, aburrida, sin nadie que me enseñara. Lo aborrecí.
Ahora, a punto de cumplir 18 años, me hallo echando de menos esa sensación de rapidez y libertad encima del skate, aunque no sería capaz de cogerla para montar sola. Espero algún día tener la oportunidad de aprender bien, de hacer cosas locas, saltos increíbles y no tener que bajarme en un semáforo.
Un día seré una verdadera Skater!

Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada